lunes, 2 de febrero de 2009

ENCUENTRO

Mi amigo Manuel Rubio, del blog Tempero, me dedica una entrañable y bella entrada por haber disfrutado conociéndole a él y a su encantadora familia y haber pasado una muy agradable mañana y no por la climatología precisamente.

Como yo no sabría expresarme tan bien como él lo hace (lo mío no es escribir, sólo redactar que ya es algo) os remito a su blog pinchando aquí.

Celebremos el encuentro con esta "Milonga del forastero" por CARMEN LINARES sobre un poema de Jorge Luís Borges adaptado por la propia cantaora y acompañada a la guitarra por
Gerardo Nuñez




*****

Siempre son dos los que tallan
un propio y un forastero
siempre es de tarde y en la tarde
y está luciendo un lucero



5 comentarios:

Luz de Gas dijo...

Vengo de allí, tuvo que ser un grato encuentro

Saludos

Ramona dijo...

¡Que bien! Es encantador esto de conocer personas, especialmente cuando ya te une algo con ellas.
Por cierto quise dejar comentario a esta entrada en su blog y no se me abrió la ventana.
Gracias a TEmpero, por la fotografía ya te conocemos un poco, un mucho, más. Vamos dando pasos.

LaClau dijo...

Querido Pedro,
Ya le he dicho a Manuel que me da envidia (de la buena) el haber podido conocerte y disfrutar esa mañana afable contigo. Me encantó, igual que a Ramona, conocerte un poco a través de la fotografía... no lo vas a creer, pero así te imaginaba. Sentí al verte que ya te conocía!
Te dejo un abrazo desde México.

Pedro Delgado dijo...

Juan, Ramona y Claudia, gracias por vuestras palabras de ánimo; pero no podéis imaginaros lo mal que yo me veo en las fotos.

Recuerdo hace muchos años, cuando me daba por hacer fotos, que mi suegra, con más de los sesenta, le dijo a mi mujer:

-Dile a Pedro que no ma haga fotos que me saca muy mal.

Ahora la comprendo perfectamente.

Tempero dijo...

Gracias de nuevo, Pedro. A esa milonga de Borges cantada con una templanza sublime por Carmen te voy a regalar unos primeros versos de un poema que el mismo autor dedicó a Manuel Peyrou:

Suyo fue el ejercicio generoso
de la amistad genial. Era el hermano
a quien podemos, en la hora adversa,
confiarle todo o, sin decirle nada,
dejarle adivinar lo que no quiere
confesar el orgullo. Agradecía
la variedad del orbe, los enigmas
de la curiosa condición humana,
el azul del tabaco pensativo,
los diálogos que lindan con el alba...

Ahí te dejo, sinceramente.